El torneo en Estados Unidos, México y Canadá estará marcado por el calor, la altitud en algunas sedes y los largos desplazamientos entre ciudades, con hasta siete horas de viaje.

El Mundial de Fútbol 2026 inicia este jueves con un reto logístico y físico sin precedentes, al ser la primera edición con tres países anfitriones: Estados Unidos, México y Canadá, y con un aumento en el número de selecciones y partidos.
La amplia geografía del torneo implica distancias significativas entre sedes, con hasta 4.300 kilómetros de este a oeste y cerca de 4.000 de norte a sur, además de desplazamientos que pueden alcanzar hasta siete horas de viaje.
El aumento en el número de encuentros incluye una ronda adicional de dieciseisavos de final, lo que incrementa la exigencia física para los equipos participantes.
Organismos internacionales han advertido sobre el impacto del calor extremo durante la competencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que las altas temperaturas serán un factor relevante durante el torneo, con riesgos tanto para jugadores como para aficionados.
De acuerdo con un estudio citado por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPRO), 26 de los 104 partidos se jugarán en condiciones consideradas de riesgo por temperatura.
Entre esos encuentros se incluyen la final, dos partidos de cuartos de final y el partido por el tercer lugar.
En respuesta a estas condiciones, la FIFA estableció pausas de hidratación de tres minutos en cada tiempo, con el fin de mitigar los efectos del calor.
El médico Jesús Viosca, de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (Femede), explicó a EFE Salud que el torneo representa un desafío para la fisiología humana debido a las altas temperaturas, que en más del 80 % de las sedes podrían superar los 35 grados.
A esto se suman factores como la humedad, la radiación y el viento, que incrementan la sensación térmica.
Otro elemento a considerar es el impacto del denominado “jet lag”, debido a los desplazamientos entre sedes ubicadas en distintos husos horarios.
Según el especialista, el “jet lag” genera una desincronización del ritmo circadiano, afectando procesos biológicos clave como el sueño y la recuperación muscular.
