El progresismo no termina en Colombia

El ciclo de gobierno ya terminó, pero no se extingue la llama. El progresismo, más que un gobierno, es una agenda política y social que se desplegó a lo largo y ancho de la República y que seguirá viva en las calles, en las comunidades y en la conciencia colectiva. Los gobiernos pasan; las ideas, cuando responden a las necesidades de la gente, permanecen.

Continúa la lucha por la tierra para el campesinado, porque sin justicia agraria no habrá una paz verdadera. La concentración de la tierra y el abandono histórico del campo han alimentado durante décadas la desigualdad y el conflicto. Democratizar el acceso a la tierra y garantizar condiciones dignas para producir no es un favor al campesinado: es una condición indispensable para construir un país en paz.

Continúa la defensa de mejores condiciones para el obrero humilde, porque la dignidad del trabajo es la base de cualquier democracia. Ninguna sociedad puede llamarse justa mientras millones de trabajadores sobrevivan con salarios insuficientes, en la informalidad o sin garantías laborales. El crecimiento económico solo tiene sentido cuando mejora la vida de quienes sostienen el país con su trabajo.

Continúa la movilización para que la educación sea pública, superior y gratuita, porque el conocimiento no puede seguir siendo un privilegio de unos pocos. La educación transforma vidas, rompe los ciclos de pobreza y amplía las oportunidades. Un joven que accede a la universidad por sus capacidades y no por el tamaño de su bolsillo fortalece la democracia y el desarrollo del país.

Continúa la defensa técnica y política de la reforma a la salud, para que algún día deje de ser un negocio y se convierta en un derecho plenamente garantizado. Ningún colombiano debería enfrentar barreras para recibir atención médica por razones administrativas o económicas. El centro del sistema debe ser la vida y el bienestar de las personas, no la rentabilidad de los intermediarios.

Continúa la apuesta por un proyecto que busca sacar a millones de colombianos de la pobreza, porque la equidad no es un discurso: es una tarea pendiente. Un país donde el lugar de nacimiento determine las oportunidades de vida nunca podrá llamarse verdaderamente libre. Reducir la pobreza, cerrar las brechas sociales y garantizar oportunidades para todos no es una concesión ideológica; es un deber ético del Estado.

Este proyecto se sembró durante estos años y seguirá cosechándose en las calles, desde nuestra bancada y junto a la gente. Porque fue por ellos y para ellos.

El progresismo no termina; se transforma en resistencia, en memoria y en futuro.

Carolina Torres
Abogada
Mg. Gobierno y Política Pública
Analista de opinión

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