La presencia de puestos informales ya no se limita a los alrededores de los conjuntos residenciales. Habitantes denuncian problemas por basuras, ruido y humo, además de los riesgos que representa la instalación de estos negocios junto a una vía por la que transitan tractocamiones y vehículos de carga pesada.

La problemática por la ocupación del espacio público en la Arboleda Campestre, en Ibagué, sigue generando preocupación entre los habitantes del sector. Lo que inicialmente se concentraba en los alrededores de los conjuntos residenciales ahora se habría extendido hasta la variante de la ciudad, donde la instalación de puestos de venta ambulante despierta nuevas inquietudes por la seguridad vial y la falta de controles efectivos.
Las denuncias de la comunidad no son nuevas. En mayo de 2025, las autoridades anunciaron operativos para controlar las ventas informales en este sector, luego de las quejas relacionadas con la ocupación de andenes y vías. Incluso, la Personería de Ibagué advirtió sobre los riesgos que algunas de estas actividades podían representar para los propios comerciantes y los residentes, así como sobre el uso inadecuado del espacio público.
A las preocupaciones por la ocupación de las zonas comunes se suman las quejas de habitantes que señalan la acumulación de basuras, los altos niveles de ruido y el humo generado por la preparación de alimentos.
Según las denuncias ciudadanas, estas situaciones afectan la tranquilidad de las familias que viven cerca de los puestos y generan inconformidad por las condiciones en las que se desarrolla la actividad comercial. La preocupación aumenta cuando, además, se presentan problemas de limpieza y disposición de residuos en el sector.
Sin embargo, el panorama resulta todavía más delicado con la expansión de estos puestos hacia la variante de Ibagué. Por esta vía circulan tractocamiones y otros vehículos de carga pesada, por lo que la presencia de vendedores y clientes a un costado de la carretera podría exponerlos a situaciones de riesgo.
Los residentes cuestionan que, pese a las denuncias y a los antecedentes de anuncios de intervención institucional, la ocupación del espacio público continúe extendiéndose. Desde su perspectiva, no se evidencia un control suficiente que impida la instalación de nuevos puestos o garantice condiciones adecuadas de movilidad, limpieza y seguridad.
El desafío para la Administración Municipal está en encontrar una solución que permita ejercer control sobre el espacio público sin desconocer el sustento de quienes dependen de las ventas informales. No obstante, la presencia de estos negocios junto a una vía de alto tránsito plantea una preocupación que va más allá de la convivencia: la seguridad de comerciantes, compradores y conductores.
