De patrullero a barista: la historia del policía que usa el café para acercarse a la comunidad


Carlos Alberto Sandoval Barrero lleva cerca de 21 años en la Policía Nacional. Su pasión por el café se convirtió en una herramienta para promover el diálogo, la integración y la confianza entre los uniformados y la ciudadanía.

El policía tolimense que encontró en el café una forma de servir a la comunidad

Una taza de café se convirtió en una herramienta de trabajo comunitario para Carlos Alberto Sandoval Barrero, patrullero de la Policía Metropolitana de Ibagué, quien encontró en su pasión por esta bebida una manera diferente de acercarse a los ciudadanos y fortalecer los vínculos con las comunidades.

Oriundo de Líbano, Tolima, Sandoval ingresó a la Policía Nacional en 2005, después de graduarse de la Escuela de Policía Gabriel González. Desde entonces, ha dedicado cerca de 21 años al servicio, con experiencia en diferentes especialidades y lugares del país, entre ellos Pereira y Bogotá. Actualmente, se desempeña como gestor de participación ciudadana.

Su formación académica también ha acompañado su trayectoria. Es licenciado en Educación, cuenta con formación pedagógica y una maestría en esta área. Además, fue instructor del programa DARE, enfocado en la prevención del consumo de sustancias psicoactivas, y fortaleció su experiencia como docente policial en la Dirección Nacional de Escuelas.

Sin embargo, fue durante su paso por la Policía Comunitaria en Bogotá cuando descubrió una afición que terminaría convirtiéndose en parte de su labor institucional. En ese momento acostumbraba reunirse con líderes comunitarios en una cafetería cercana a la estación donde trabajaba. Esos encuentros despertaron su interés por el barismo y lo llevaron a capacitarse en preparación de café, métodos de filtrado y técnicas especializadas.

Con el tiempo, ese conocimiento dejó de ser únicamente un gusto personal. Sandoval comenzó a incorporarlo en sus actividades con la comunidad, utilizando la preparación y el intercambio de café como una oportunidad para conversar con líderes sociales, niños, niñas, adolescentes y habitantes de distintos sectores.

La iniciativa también se complementa con jornadas de embellecimiento, encuentros comunitarios y capacitaciones. Su propósito es generar espacios de participación en los que las personas puedan acercarse a los uniformados, expresar sus inquietudes y construir relaciones de confianza.

Su interés por aprender nuevas herramientas para el servicio tampoco se limita al café. Recientemente inició una capacitación como intérprete en lengua de señas, motivado por la necesidad de mejorar la comunicación con personas con discapacidad auditiva y promover espacios más incluyentes, especialmente en las actividades dirigidas a niños y adolescentes.

Entre las experiencias que recuerda de su carrera está la oportunidad de viajar al exterior para compartir sus conocimientos como docente policial con uniformados de San Salvador y Panamá, una experiencia que representó un reconocimiento a su trayectoria en el ámbito educativo.

Fuera de sus jornadas laborales, el patrullero tiene en su casa un espacio acondicionado con los implementos que utiliza para preparar café. Allí mantiene viva esta afición y encuentra un momento para organizar ideas y pensar en nuevas estrategias que pueda llevar a las comunidades.

Después de más de dos décadas en la institución, Carlos Alberto Sandoval Barrero mantiene su vocación de servicio, pero encontró en el café una manera distinta de ejercerla. Su historia muestra cómo una habilidad personal puede convertirse en una herramienta para promover la integración, la inclusión y el acercamiento entre la Policía y la ciudadanía.

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