Cuatro horas bajo los escombros: la historia de la joven nadadora que sobrevivió al colapso en Manizales

Ana Sofía Manios, una nadadora de 19 años que integra la Selección de Manizales, quedó atrapada entre los restos del edificio donde vivía durante el sismo del 10 de agosto. Su entrenamiento deportivo le permitió controlar la respiración mientras esperaba ser encontrada por los organismos de socorro.

Para Ana Sofía, el 10 de agosto terminó siendo mucho más que el día de un terremoto

Ana Sofía Manios recuerda el momento en que el piso dejó de ser piso y el edificio comenzó a caer como una estructura sin equilibrio. Tiene 19 años y estaba en el tercer piso de la edificación donde vivía en Manizales cuando sintió el movimiento provocado por el sismo de magnitud 7,4 que sacudió varias regiones del occidente colombiano el pasado 10 de agosto. 

En cuestión de segundos, la joven cayó junto con la estructura y terminó atrapada bajo los escombros, consciente de lo que estaba ocurriendo, pero sin posibilidad de salir por sus propios medios.

Lo que siguió fueron cerca de cuatro horas de espera. Bajo los restos de concreto, Ana Sofía permaneció pendiente de cualquier sonido que pudiera anunciar que los equipos de rescate se acercaban. El tiempo transcurría lentamente mientras ella intentaba conservar la calma y administrar las pocas fuerzas que tenía. 

En medio de esa espera llegó uno de los momentos más difíciles de la experiencia: sintió que podía dejar de luchar. “Ya me dejo ir”, recordó la joven al contar lo que pensó mientras permanecía atrapada.

Sin embargo, hubo algo que había aprendido mucho antes de aquel día y que terminó siendo determinante en medio de los escombros: respirar. Ana Sofía es nadadora y hace parte de la Selección de Manizales, una disciplina en la que el control de la respiración resulta fundamental. 

Los ejercicios que ha practicado durante años le permitieron mantener el aire bajo control y conservar la calma mientras esperaba que alguien pudiera encontrarla. Su padre también contó a La Patria que la disciplina adquirida durante su formación deportiva y su capacidad respiratoria fueron claves para que pudiera reaccionar en lo que describió como un “modo supervivencia”.

La joven estudia Nutrición y Salud en la Universidad Católica y practica natación con aletas. Llegó a Manizales hace aproximadamente un año y medio, después de mudarse desde Ibagué, y allí se vinculó al club Oro de Manizales. Desde entonces representa a Caldas en competencias nacionales. 

La natación, que hasta ese momento había sido una parte importante de su vida deportiva, terminó acompañándola en una situación completamente distinta: una en la que cada respiración tenía un valor diferente y en la que mantener la calma podía marcar la diferencia.

Mientras Ana Sofía permanecía atrapada, afuera sus compañeros y su entrenador insistían para que los organismos de socorro continuaran con la búsqueda. La esperanza convivía con la incertidumbre, porque el paso de las horas hacía cada vez más angustiosa la espera. En algún momento, la joven gritó con fuerza desde el lugar donde estaba atrapada. Ese grito fue escuchado por Valentina, una integrante de Bomberos que logró ubicarla entre los restos de la construcción.

El encuentro ocurrió en medio de los escombros y con muy poco espacio para llegar hasta ella. Ana Sofía contó que la socorrista logró tomarla de los dedos, prácticamente la única parte de su cuerpo a la que podía acceder. Ese contacto se convirtió en la señal de que la búsqueda había llegado hasta ella. Desde entonces, ambas mantuvieron comunicación mientras avanzaban las labores necesarias para completar el rescate.

Después de cerca de cuatro horas, Ana Sofía salió con vida de la estructura que había caído sobre ella. Atrás quedaron la oscuridad, la espera y aquel instante en el que creyó que ya no tenía fuerzas para continuar. Más tarde, al encontrarse con sus amigos, les dijo que sentía que había “vuelto a nacer”. La frase resumió lo que significó para ella pasar de estar atrapada entre los escombros a volver a respirar al aire libre.

Para Ana Sofía, el 10 de agosto terminó siendo mucho más que el día de un terremoto. Fue también el día en que una habilidad aprendida durante años dentro de una piscina —controlar la respiración— la acompañó en uno de los momentos más difíciles de su vida, hasta que una mano logró encontrar sus dedos entre los restos del edificio y sacarla de allí.

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